martes, 18 de febrero de 2014

EVA DUARTE DE PERON

Los balcones de la Casa Rosada,
están mustios, cancerosos, vacíos,
perdieron su calor a humanidad,
su viva lucidez y poderío.
Su flor de cordillera y altiplanicie,
su espigada flor de arrabales presumidos.
Flor de tango y volcanes,
de refulgente alaridos,
flor que revitaliza los pantanos,
flor de acantilados fluviales,
flor de dunas preñadas,
de ojos esmerilados y hechiceros,
flor de Ceiba rojiza en racimos.
Cuando esa delgada diva de consuelo y esperanza,
alzo el vuelo desde el balcón rosado,
hacia la perenne eternidad.
Ya los balcones lucen sin luces florecidas,
ya Eva no está en la mansión;
Pero Eva Duarte, Eva pueblo,
Evita mesopotámica y patagónica,
Evita de  las Pampas y de las regiones Andina, está viva.
 Un aluvión de lágrimas desbordo las cuencas de los seres sin abrigos.
Aquella noche de julio, cuajada de murciélagos gelatinosos.
De prolongado alaridos de ciervos desgarrados,
que se alzaban como un mortero hidrográfico,
hacia el Aconcagua emperador de los cielos.
El alma que al Hombre, lo sembró en el corazón de los  argentinos.
el alma que arengaba a los obreros.
El alma de pétalos de libertad, Llullaillaco y Tupumangato de fuego.
El alma que hacia templar los peculados.
El alma que a los gracitas revivía con su fulgor de acero.
El alma que derribabas estrellas como palominos incestos.
Evita con alma de Estuarios, algas y ballenas.
Evita esta revivida en las uvas de las conquistas obreras.
Evita Duarte de Perón, ríos, volcanes y elevación.
Evita Duarte de Perón, glaciales, llanuras y escorpión.
Evita Duarte de Perón, lucha, tierra y canción.
Evita Duarte de Perón, trabajo, libertad y compasión.
Desde un arrabal quintenario, una voz sin calendario,
estropajosa de sudor, salitre y aguardiente,
con la piel cancerosa de petróleo y estaño,
reza una canción hiperbólica, de esclavizados,
con aire de protesta en Bandoleón.
Evita de viva voz, de viva voz hiperactiva.
Evita de viva voz, de viva voz de relámpago.
Evita de viva voz, de viva voz de rayo.
Un cirujano no pudo con tu voz.
Un cáncer no pudo con tu voz de arenga y flauta.
Eva obrera y campesina está viva.
Eva aldeana y pueblerina está viva.
Eva soñadora e impulsiva está viva.
Flanqueándose el derecho a ser feliz, como el océano.
Eva Perón mujer hormiga, marea y continente.
Eva Perón mujer raíces, consuelo de los descamisados.
En Buenos Aires, como en Mendoza,
En Río Negro, como en Tucumán eres la tierra debajo de la tierra,
de caracolas y sueños.
Eres dueña de los crepúsculos y vicuñas.
De los osos hormigueros, y los amaneceres cargados de linos.
Tu esta en cada amerindio empobrecido, en cada obrero de la CGT.
Está en la espiga de la generación de cementerio, soñando con el pan repartido.
En las raíces de Hipólito Irigoyen,
en las raíces de José de San Martín,
en las raíces de Faustino Sarmiento,
en las raíces de Domingo Perón,
en las raíces del pueblo argentino,
en las raíces de los pueblos de América.
Tú vigila los vericuetos de los puertos como un vigía solidario,
en las profundidades de las aguas pantanosas de los impuestos.
Ella asusta los cuentos de las mineras opulentas.
De los pulpos de ambiguas alas imperiales.
Las artimañas de los galones en las solapas.
Ella en defensa de los gauchos, sin abrigos.
Con sus masas de gritos broncos en la punta septentrional

Del cabo de San Antonio.
Evita vigila como radar a Argentina.
Una Argentina Plomiza,
una Argentina rojiza,
una Argentina helada,
una Argentina plateada
una Argentina humeante,
una Argentina pavorosa,
como un lobo de melena.
Argentina vivero de minas y cordilleras, cabos y bahías.
Trenes y chimeneas,
hoteles y playas,
bovinos y caprinos,
lanas y peces,
moluscos y gas natural,
carbón y mariscos,
y una flota visible en el archipiélago de las Malvinas,
que no es Argentina.
Hasta la tierra de fuego, con sus límites constitucionales;
Encerrada en sus cuatro regiones vitales,
ella en defensa de los grasitas,
ella Evita, con sus masas de estuarios,
con voces gigantes, te reclama Argentina.
Te vigila, con relámpagos peronistas, te vigila Argentina.
Como los ciervos de las Pampas, escondida en las raíces de las sociedades.
Debajo de los túneles, de los ferrocarriles y las fabricas.
El pueblo te sale en vertiginosa confluencia, desde los centros urbanos sin futuro.
Hacia las nubes, hacia la cima de los volcanes congelados.
Los lagos suspendidos en grises nubarrones proletarios.
Junto a Eva reclamando el paraíso.


TIRSO MEDRANO.


miércoles, 12 de febrero de 2014

OJOS HECHICEROS


Se derritieron mis ojos,
cuando tus ojos miraron.
Eran tan vivas sus llamas,
que a mis llamas ahogaron.

Todo el fuego de tu mirar,
todo el llanto.
Todas las aguas cristalinas,
todo el oro de sus perlas,
el lienzo blanco.

Las pestañas de amapolas,
los parpadeos de azabaches.
Y tú mirar caminante,
me quitaron los deseos,
de jugar en otros parpados.

Tus ojos son mis luceros,
los míos ya no los quiero.
Yo veo por los ojos tuyos,
sin tu  saberlo.







TIRSO MEDRANO


OJOS HECHICEROS


Se derritieron mis ojos,
cuando tus ojos miraron.
Eran tan vivas sus llamas,
que a mis llamas ahogaron.

Todo el fuego de tu mirar,
todo el llanto.
Todas las aguas cristalinas,
todo el oro de sus perlas,
el lienzo blanco.

Las pestañas de amapolas,
los parpadeos de azabaches.
Y tú mirar caminante,
me quitaron los deseos,
de jugar en otros parpados.

Tus ojos son mis luceros,
los míos ya no los quiero.
Yo veo por los ojos tuyos,
sin tu  saberlo.







TIRSO MEDRANO


miércoles, 29 de enero de 2014

ISLA PATRIA
Isla de sorprendentes metales. 
Lucerna agigantada con ropaje de primavera.
Tiene el sabor nostálgico de las palmeras preñadas de sol.

En tu geografía dos patrias crecen sembrando sueños.
Dos banderas en ti se agitan llenas de glorias pasadas.
Isla mía, bañada de azules y verdes laberintos.
Habitadas de gentes que trabajan y cantan en círculos.

Con la vista clavada en la tierra.
De espalda al mar.
Un mar de embrujos y misterios.
De historias de galeones y piratas.
Un mar supersticioso como la isla y sus contornos.
Que su utilidad aflora cuando la desgracia acosa,
con sus terribles dardos de miserias y cadalsos.

Una isla con dos patrias
y dos banderas es la isla mía.
Pobladas de humanos multicolores
que se abrazan sin frontera.
Tengo una isla, la llevo en el pecho,
en el alma, en los génes de mis pensamientos.
Una isla más grande que el mapa.
Una isla que crece y se le escapa al archipiélago.

Tirso Medrano.

domingo, 26 de enero de 2014



SUEÑOS VIVIDOS


He soñados tantas vidas.
Tantos sueños  he vividos,
con el poder supremo
 de  sentirte en mis costillas.
Te he hecho mía en cada tiempo.
Mía cuando  toco tu silueta en el ocaso.

Mi amor hacia ti es tan enigmático
que  nace  con la luna y crece con el sol.
 En tu vientre perfumado danzo yo.
Tengo el poder de retroceder el tiempo
para dormir contigo.  





Tirso Medrano. 

miércoles, 22 de enero de 2014

EL CORONEL Y SU SEÑORA
Se han quedado solos a sus ochentas años.
Sin el sargento Cuevas, que cuidaba la casa.
Sin sus hijos embrionarios,
sin sus nietos que en sueños correteaban descalzos.
Sin la sirvienta regordeta que los embriagabas de sopas.
Se han quedado solo el coronel y su señora esposa.
Tienen el perfil de la muerte en cada segundo 
de su débil respirar.
Su casa es una mansión sin brillo.
Sus amigos han fallecidos,
Sus vecinos se han mudados.
Han llegados nuevos inquilinos
de las casas y las calles;
De esos que no tienen historias que contar,
ni respetan las canas , ni los rangos.
De esos que viven y mueren a diarios sin un funeral.
El coronel y su señora rumiando un pasado de alboradas.
Sentados en sus mecedoras de caobas centenarias,
desde el balcón de su vieja morada,
ven los ataúdes pasar lleno de sangre joven.
Y la muerte burlonamente, les saca la lengua
al coronel y su señora esposa.
Les haces unas muescas y se va.
TIRSO MEDRANO.

lunes, 20 de enero de 2014

LA GENETICA
Tirso Medrano

Le nació un niño negrito,
en  Santiago a  Elizabeth.
Esposa de un comerciante,
llamado Pedro José.

Desde La Joya a Gurabo,
corrió la voz de una vez;
Tan seria que era esa hembra,
y engañó a Pedro José.

Le hicieron  todas las pruebas,
hasta en las plantas de los pies,
y el ADN  indicaba,
que el niño era de José.

Pedro José atormentado,
ni hablaba con su mujer.
Ella, impotente y fría,
perdía en Mahoma la fe.

Una noche entristecido,
se le acercó  a su mujer,
y después de ver al niño,
y acariciarlo también,
le dijo arrepentido,
a su esposa Elizabeth:
-Perdóname amor mío,
perdóname que dudé.

Ya  sé que el niño es mío,
 es mi sangre Elizabeth!
Mi bisabuela es negra,
nació en el Monte Mandé,
y mi bisabuelo es árabe,
viejo Califa de Suez.




Tirso Medrano